"Un peregrino es una persona que se hace pobre, que se pone en camino,
que persigue una meta grande apasionadamente, que vive de la esperanza
de una promesa recibida"
Su Santidad Francisco, refiriéndose a Abraham, en su viaje a Tierra Santa.
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martes, 27 de mayo de 2014
miércoles, 15 de febrero de 2012
El Peregrino ciego
Evangelio según San Marcos 8,22-26.
Este pasaje de la Buena Nueva nos muestra a Jesús, nuevamente, curando a un ciego.
La exégesis tradicional – y con razón- enseña que las curaciones de Jesús en los Evangelios se refieren frecuentemente a privaciones de los sentidos: los mudos hablan, los ciegos ven, como una referencia directa al estado de integridad perdido por Adán y Eva luego del pecado original, y que Cristo -nuevo Adán- viene a restaurar.
La intención de este post, es agregar un nuevo tema de meditación, contemplando la misma narración desde la óptica del Peregrino.
Dice el texto que: “(Jesús) tomó al ciego de la mano y lo condujo a las afueras del pueblo”
En este sencillo gesto, es posible distinguir por parte del ciego dos actitudes: en primer lugar, se dejó tomar de la mano confiadamente por el Maestro (tenía la Fe que Dios pide a todo aquel que va a recibir de Él una gracia especial), aún cuando no sabía dónde lo conducía. En segundo lugar, (fundamental desde la óptica del Peregrino), se puso en marcha.
¿No es esta la mejor actitud de un aspirante a peregrino? Dejarse llevar por la mano de Jesús, aunque no sepa dónde va.
Luego, el Maestro le devuelve la vista y lo envía a su casa. Devolverle la vista a un peregrino equivale a abrir para él un mundo nuevo, un mundo donde cualquier viajero pueda ver y encontrar su camino.
Por último, le indica que no vuelva a Betsaida. Y esto tiene una doble lectura: pues esta ciudad se caracterizaba por su poca fe: Mateo 11:21 y Lucas 10:13 (οὐαί σοι, Χοραζίν, οὐαί σοι, Βηθσαΐδά). Pero como indicación directa a un peregrino, el mensaje es más que claro: ¡peregrino, no vuelvas al punto de partida!
Espero que esta pequeña reflexión pueda constituirse en el germen de una pedagogía mayor sobre el peregrinaje espiritual.
AMDG
viernes, 20 de mayo de 2011
El Camino del Peregrino
"Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí”. Juan 14,1-6.
A continuación transcribo parte de la homilía de monseñor Jesús Sanz Montes, ofm arzobispo de Oviedo:
“Toda la vida del Señor, fue una manifestación maravillosa de cómo llegar hasta Dios, cómo entrar en su Casa y habitar en su Hogar.
La Persona de Jesús es el icono, la imagen visible del Padre invisible. Y esto es lo que tan provocatorio resultaba a unos y a otros: que pudiera uno allegarse hasta Dios sin alarde de estrategias complicadas, sin exhibición de poderíos, sin arrogancias sabihondas: que Dios fuera tan accesible, que se pudiera llegar a El por caminos en los que podían andar los pequeños, los enfermos, los pobres, los pecadores... Y esto será en definitiva lo que le costará la vida a Jesús.
Ya no es un Rostro tremendo el de Dios, que provoca el miedo o acorrala en una virtud hija de la amenaza y de la mordaza. Ya no es un Rostro tremendo el de Dios, que provoca el miedo o acorrala. Quien cree en Jesús, cree en su Padre. El camino de Jesús, es el camino de la bienaventuranza, el de la verdad, el de la justicia, el de la misericordia y la ternura. Pero tal revelación no se reduce a un manifestar imposibles que nos dejarían tristes por su inalcanzabilidad. Jesús no sólo es el Camino, sino también el Caminante, el que se ha puesto a andar nuestra peregrinación por la vida, vivirlo todo, hasta haberse hecho muerte y dolor abandonado.
Jesús no se limitó a señalarnos “otro camino” sino que nos abrazó en el suyo, y en ese abrazo nos posibilitó andar en bienaventuranzas, en perdón y paz, en luz y verdad, en gracia. El es Camino y Caminante... más grande que todos nuestros tropiezos y caídas, mayor que nuestras muertes y pecados. Los cristianos no somos gente diferente, ni tenemos exención fiscal para la salvación, sino que en medio de nuestras caídas y dificultades, en medio de nuestros errores e incoherencias, queremos caminar por este Camino, adherirnos a esta Verdad, y con-vivir en esta Vida: la de Quien nos abrió el hogar del Padre haciendo de nuestra vida un hogar en la que somos hijos ante Dios y hermanos entre nosotros”.
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