miércoles, 16 de febrero de 2011

DIGNITATIS HUMANAE


Mis pies en la sangre del camino, III

Corresponde ahora continuar con mis reflexiones acerca de los mártires, centrando el foco en la idea de la libertad religiosa y la libertad de cultos, tan esgrimida actualmente con el propósito (utópico a mi entender) de librar a la época de mártires cristianos, sean ellos sirios, coptos, maronitas, ortodoxos, protestantes o Católicos Romanos.

Por supuesto que este es un tema espinoso, complicado y lleno de múltiples facetas, que no se pueden desarrollar en un solo post.
Baste decir que el tópico puede ser abordado desde la óptica del Derecho natural y del derecho positivo, desde el punto de vista de las tres libertades (asociativa, conmutativa y distributiva), y de la otras, como la psicológica. También desde los hechos en sí mismos, que actualmente exhiben un mundo donde casi no existe la libertad religiosa; desde la historia, concebida no como la narración de los hechos pasados sino del porqué ocurrieron, y aún más.

Comenzaré por algo relativamente nuevo, pero que en parte, sólo en parte, ha sido sacado del antiguo del tesoro de sabiduría de la Iglesia, y que le da el nombre a este post: la declaración “dignitatis humanae” sobre la libertad religiosa, del Concilio Vaticano II.

En ella, en su introducción, se consigna lo fundamental del problema:

En primer lugar, profesa el sagrado Concilio que Dios manifestó al género humano el camino por el que, sirviéndole, pueden los hombres salvarse y ser felices en Cristo. Creemos que esta única y verdadera religión subsiste en la Iglesia Católica y Apostólica, a la cual el Señor Jesús confió la misión de difundirla a todos los hombres, diciendo a los Apóstoles: "Id, pues, y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo cuanto yo os he mandado" (Mt., 28, 19-20). Por su parte, todos los hombres están obligados a buscar la verdad, sobre todo en lo que se refiere a Dios y a su Iglesia, y, una vez conocida, a abrazarla y practicarla”

Pero ya en su Cap. I declara: “Este Concilio Vaticano declara que la persona humana tiene derecho a la libertad religiosa. Esta libertad consiste en que todos los hombres han de estar inmunes de coacción, tanto por parte de individuos como de grupos sociales y de cualquier potestad humana, y esto de tal manera que, en materia religiosa, ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia, ni se le impida que actúe conforme a ella en privado y en público, sólo o asociado con otros, dentro de los límites debidos”.

El problema está planteado: en un plato de la balanza, la verdad, y la voz de Nuestro Señor aún resonando: ”el que no está conmigo, está contra mí, y el que no siembra conmigo, desparrama” Mateo 12,30.

En el otro plato de la romana, la tolerancia y los dichos del Concilio: “Por lo cual, el derecho a esta inmunidad (de coacción externa) permanece también en aquellos que no cumplen la obligación de buscar la verdad y de adherirse a ella, y su ejercicio, con tal de que se guarde el justo orden público, no puede ser impedido”.

Serán ciertos entonces los puntos de vista de algunos sesudos autores que dicen, por ejemplo: “El Islam está atravesando su época medieval, mientras que el cristianismo le lleva siglos de ventaja, de allí en los primeros su intolerancia religiosa y su sistema teocrático

O bien será cierto lo que dijo hace poco la Canciller alemana, Ángela Merkel: “No es que en Europa haya tantos musulmanes, es que hay pocos cristianos”.

Como estos post no tienen por objetivo aumentar la erudición de las personas (detesto tanto la erudición como amo a la sabiduría), finalizaré por ahora con dos reflexiones para pensar sobre el tema.

La primera se origina en un viejo apothegma: El error no tiene derechos, sólo las personas los tienen.

La segunda es otro párrafo tomado de la Dignitatis Humanae: “los actos religiosos con que los hombres, partiendo de su íntima convicción, se relacionan privada y públicamente con Dios, trascienden por su naturaleza el orden terrestre y temporal. Por consiguiente, la autoridad civil, cuyo fin propio es velar por el bien común temporal, debe reconocer y favorecer la vida religiosa de los ciudadanos; pero excede su competencia si pretende dirigir o impedir los actos religiosos”.

En lo personal, me gustaría mucho que el Estado velara para que los argentinos no caigan en la trampa mediática de la Iglesia Universal del Reino de Dios, una máquina mediática brasileña capaz de engañar y hacer dinero con la desesperación y buena fe de la gente, y también que persiguiera a aquellos umbandas que “hacen “trabajos” por medio de sacrificios de animales (y a veces de niños) y utilizan ratas, cintas y velas, constituyéndose en la antesala de cultos satánicos.
Karoly dixit




sábado, 29 de enero de 2011

Non nobis, Domine

Mis pies en la sangre del camino, II

Continúo aquí con mis reflexiones acerca de los mártires o testigos, inauguradas en el post anterior.

El título del presente proviene del Salmo 115,2, “non nobis Domine, non nobis sed nomine tuo da gloriam” cuya versión castellana dice:

-No a nosotros, oh Señor, no a nosotros, sino a tu Nombre da gloria; por tu misericordia, por tu verdad.
-Por qué dirán los gentiles: ¿Dónde está ahora su Dios?
Este sarcasmo que se escucha desde el fondo de la historia, de aquel mismo momento en que tuvo lugar el sacrificio de Nuestro Señor, es igual al proferido por los ejecutores de los mártires de hoy.
Equivale a decir: ¿ves cómo te equivocas? Nadie viene a salvarte. No existe tal Dios. Morirás por nada. Yo tengo razón, y soy el que ve y conoce realmente cómo son las cosas.
Y sin embargo, la respuesta ya está explícita al comienzo del salmo, pues el mártir es un testigo del Dios verdadero, al que reconoce como el dador de toda vida, honor y gloria.
Y Dios Todopoderoso hace que la sangre de esos Testigos sea realmente fecunda en el camino de la Iglesia peregrina, idea no muy bien entendida hoy día por algunos, como cuando se lee la homilía de un primado latinoamericano que dice: querer ser mártir está muy bien, pero no es cosa de apresurarse (Dicho en el día de San Sebastián).

El jueves 27 de enero fue la festividad de Santa Juana de Arco, la Doncella de Orleáns.

Mártir de Cristo, es decir, testigo de Nuestro Señor.

De ella predicó el santo Padre, diciendo:
el Nombre de Jesús, invocado por nuestra santa hasta los últimos instantes de su vida terrena, fue como la respiración de su alma, como el latido de su corazón, el centro de toda su vida”.

Comprendió que el Amor abraza toda la realidad de Dios y del hombre, del cielo y de la tierra, de la Iglesia y del mundo. Jesús siempre estuvo en primer lugar durante toda su vida, según su bella afirmación: Nuestro Señor es servido el primero”.
Juana veía a Jesús como el “Rey del Cielo y de la Tierra”, y en su estandarte “Juana hizo pintar la imagen de Nuestro Señor que sostiene el mundo, icono de su misión política”.

Esto es lo que recogieron los medios, aún la agencia Zenith: El Papa puso a Juana de Arco como ejemplo para los políticos.
¡Que desafortunado remate el de la última frase! Si hay algo que Jeanne d'Arc nunca fue, es una política!
Sin duda el Santo Padre se haya referido de ese modo al testimonio de amor y fidelidad a la Iglesia que ella brindó frente a las intrigas políticas eclesiásticas: el infame obispo borgoñés Pierre Cauchon y el inquisidor Jean le Maistre, pero en realidad un proceso enteramente conducido por un nutrido grupo de teólogos de la célebre Universidad de París, que participan como asesores. “Son eclesiásticos franceses, que habiendo tomado la decisión política opuesta a la de Juana, tienen a priori un juicio negativo sobre su persona y sobre su misión. Este proceso es una página conmovedora de la historia de la santidad y también una página iluminadora sobre el misterio de la Iglesia, que, según las palabras del Concilio Vaticano II, es “al mismo tiempo santa y siempre necesitada de purificación” (LG, 8). Es el encuentro dramático entre esta Santa y sus jueces, que son eclesiásticos. Juana es acusada y juzgada por estos, hasta ser condenada como hereje y mandada a la muerte terrible de la hoguera. A diferencia de los santos teólogos que habían iluminado la Universidad de París, como san Buenaventura, santo Tomás de Aquino y el beato Duns Scoto, de quienes he hablado en algunas catequesis, estos jueces son teólogos a los que faltan la caridad y la humildad de ver en esta joven la acción de Dios. Vienen a la mente las palabras de Jesús según las cuales los misterios de Dios se revelan a quien tiene el corazón de los pequeños, mientras que permanecen escondidos a los doctos y sabios que no tienen humildad (cfr Lc10,21). Así, los jueces de Juana son radicalmente incapaces de comprenderla, de ver la belleza de su alma: no sabían que condenaban a una Santa.”
Agrego yo: sus carceleros eran soldados ingleses, fue confinada en una prisión seglar, no eclesiástica y privada de escuchar misa y de la eucaristía.
Lo curioso es que le cupo a un Papa español, Calixto III, casi 25 años más tarde de su martirio, abrir bajo su autoridad el Processo di Nullità, que concluye con una solemne sentencia que declara nula la condena (7 de julio de 1456; PNul,II, p 604-610). Este largo proceso, que recoge la declaración de testigos y juicios de muchos teólogos, todos favorables a Juana, pone de relieve su inocencia y su perfecta fidelidad a la Iglesia. Juana de Arco fue canonizada en 1920 por Benedicto XV.
Dos reflexiones  para terminar este post:
La primera lleva mi pensamiento a considerar a cuántos sacerdotes y religiosos -soldados rasos de la Iglesia- les ha tocado vivir un martirio a manos de sus superiores, aún sin tener que morir en la hoguera, e igualmente obedecer y fortalecer su fidelidad a la Santa Iglesia. Yo he conocido personalmente a algunos de ellos, que podrían decir con propiedad: non nobis, Domine!
La segunda, más poética, es el recuerdo leído del Padre Castellani en mis años mozos:
CANCIÓN DEL AMOR PATRIO.
De Paul Verlaine, traducción del Padre Leonardo Castellani

Amar la patria es el amor primero
y es el postrero amor después de Dios;
y si es crucificado y verdadero,
ya son un solo amor, ya no son dos.

Amar la patria hasta jugarse entero,
del puro patrio Bien Común en pos,
y afrontar marejada y viento fiero:
eso se inscribe al crédito de Dios.

Dios el que no se ve, Dios insondable;
de todo lo que es Bien, oscuro abismo,
sólo visible por oscura Fe.

No puede amar, por mucho que d'Él hable
del fondo de su, gélido egoísmo,
quien no es capaz de amar ni lo que ve.

domingo, 23 de enero de 2011

Mis pies en la sangre del camino


Muchas veces, cuando transito mi camino de peregrino en rumbo a la Tierra de los Vivientes, al andar, mis pies se van impregnando de aquellos materias predominantes de los lugares en que transito: la buena tierra, la hierba; también los abrojos.

Cada uno de ellos representa algo: la hierba verde, la paz y la esperanza recibida en múltiples bendiciones, la tierra, que me recuerda constantemente mi condición de nexo entre dos mundos: un puente de plata entre el planeta tierra y el mundo espiritual.

A menudo, junto con estos materiales y muchos más, encuentro el camino regado con sangre de mártires.

Es que no se puede comprender cabalmente un peregrinaje: ¡qué digo! Un cristianismo sin mártires.

Últimamente mis pies cada día transitan más y más sobre caminos donde esa sangre preciosa -a imagen de Nuestro Señor- se hace más y más abundante.

Este último viernes, 21 de enero, festividad de Santa Inés - Agnesse, virgen y mártir, he sentido en forma particularmente vívida la necesidad de escribir sobre el martirio y (un tópico moderno), la libertad religiosa.

Vaya pues esta primera entrega en el blog dedicada a estos temas.

El domingo 23 del corriente, un diario de Córdoba (España), publicaba un artículo muy revelador, titulado “Cristianos contra las cuerdas”. Transcribo algunos párrafos relevantes y le he agregado un hiper enlace hacia la película a la cual hace referencia:

La recién estrenada película francesa Des hommes et des dieux , y el aniversario de la matanza de frailes cistercienses en Argelia, pone sobre el tapete de la actualidad más lacerante un gravísimo problema de nuestro tiempo: la persecución religiosa contra los cristianos, sean cristianos coptos, católicos u otros de las diversas iglesias y confesiones.
Con toda razón, el Papa Benedicto XVI consagró su formidable discurso al cuerpo diplomático, hace unos días, al tema de la libertad religiosa, tan conculcada en estos últimos tiempos en no pocos países del mundo.
Dicen los entendidos que el Islam es una religión pacífica y pacificadora. Que nada más ajeno al Corán que toda violencia asesina. Puede que sea así.
Pero no es esa la sensación que percibimos. Todo lo contrario. Hay un radicalismo increíble en minorías fanáticas islamistas que no paran ante nada ni ante nadie en su particular guerra contra la cruz, contra los cristianos. No nos engañemos y llamemos a las cosas por su nombre. En muchísimos países --musulmanes y no musulmanes-- la libertad religiosa brilla por su ausencia.
China, Corea del Norte, Birmania, India, Pakistán. Y no digamos nada del mundo islámico, especialmente Arabia Saudita. Turquía es sin duda el país más laico del mundo musulmán. Aunque allí no se puede repartir en la calle objetos religiosos cristianos. Podría uno ir a la cárcel.
En algunos países como Sudán, Egipto, Irak, Nigeria, Somalia la conversión al cristianismo está castigada con pena de muerte. No existe libertad alguna para construir iglesias cristianas. Las conversiones son prácticamente nulas.
Y peor todavía que esa falta de libertad es la persecución hasta el martirio como pasó en Egipto hace poco más de un mes con los coptos de Alejandría. O como ocurrió en Irak, incluso asesinando un obispo católico y antes a grupos cristianos en el mismo interior del templo.
Zapatero y Erdogan en Turquía levantaron esa bandera de la llamada Alianza de Civilizaciones. La idea es buena, si se quiere muy buena, pero no ha servido para nada.
Es más: no han levantado su voz contra la persecución y martirio de cristianos. Y eso es una vergüenza. Tan solo Sarkozy y Angela Merkel han denunciado esos atropellos.
No. El martirio no es cosa del mundo romano. Hoy hay tantos mártires --o más-- que en tiempos de Nerón. Ni en siglo XX ni en el XXI ha cesado el martirio ni se ha hecho realidad el derecho a la libertad religiosa . Aquí los musulmanes pueden levantar mezquitas y expresar su fe en privado y en público. Y tienen plena libertad. Occidente debe exigir el mismo comportamiento al Islam. Convivencia, respeto, acatar ellos nuestra identidad. Y nosotros ser más fieles a nuestras raíces.
Como ha dicho Merkel: "No es que haya aquí muchos islamistas. Es que hay pocos cristianos". He ahí la triste realidad de esta Europa. Por desgracia.
Termino este post con un interrogante que se ha abierto en mi espíritu  como una gran pregunta, aún sin respuesta: San Esteban, protomártir cristiano, Santa Inés, Santo Tomás Moro, los mártires que la Iglesia ha incorporado al canon de la misa, aquellos otros ignotos sobre los que nos obliga aún más nuestro reconocimiento: ¿habrán pensado en la libertad religiosa? Se habrían amparado en ella, de existir la misma, o hubieran exclamado como San Esteban: “estoy viendo los cielos abiertos y al Hijo del hombre que está de pie a la diestra de Dios” Hch 7, 57


miércoles, 22 de diciembre de 2010

Magia Embotellada


El mensaje gráfico y multimedia de la compañía Coca Coca para esta Navidad es:“Unidos hacemos la magia realidad”.
Mucho se ha dicho y escrito sobre el aprovechamiento de las fiestas cristianas para hacer de ellas nada más que una época del año en las que se alienta de manera particular el consumismo.
Debido a eso, muchos niños de hoy viven y experimentan la Navidad como la venida de un mítico viejo gordo que trae regalos, y no saben que en realidad lo que se conmemora y festeja es la Encarnación del Verbo, o dicho sencillamente, el nacimiento de Jesús Nuestro Señor.
Hace poco, Monseñor Fabriciano Sigampa, Arzobispo de Resistencia, hizo rasgar las vestiduras de muchos comerciantes y no pocos padres, a través de los medios, pues dijo que a los niños había que decirles sin ambages que los regalos que reciben se los compran sus padres con el esfuerzo de su trabajo.
Es un hecho que el auge del Santa Claus, modelo americano (hay otros), se debe a la empresa de refrescos que más vende en el mundo.
En el siglo XX, la empresa Coca-Cola encargó al pintor Habdon Sundblom que remodelara la figura de Santa Claus/Papá Noel para hacerlo más humano y creíble. Esta versión data de 1931.
En este punto, sin embargo hay que aclarar que quizás sea solamente una leyenda urbana la creencia de que el color rojo y blanco de Santa Claus tenga su origen en los anuncios que la marca Coca-Cola empezó a hacer a partir de 1931, aunque sí es cierto que contribuyeron masivamente a la popularización de estos colores y del mito mismo.
Hay muchas ilustraciones y descripciones anteriores al anuncio como la de Thomas Nast (1869) o St. Nicholas Magazine (1926), entre otras; eso sin considerar además las antiguas representaciones religiosas del obispo San Nicolás de Mira ó San Nicolás de Bari, en las que es común el color rojo y blanco de la vestimenta religiosa, si bien es cierto que desde mediados de 1800 hasta principios de 1900 no hubo una asignación concreta al color de Santa Claus, siendo el verde uno de los más usados.
Por lo tanto, se considera que la campaña masiva de Coca-Cola fue una de las principales razones por las cuales Santa Claus terminó vestído de color rojo y blanco, casualmente los colores institucionales de la compañía.
De todo lo antedicho lo más preocupante es, evidentemente, la desaparición de la Navidad cristiana, a la cual, una vez más Coca Cola, ha dado una vuelta de tuerca, ha señalado una dirección que en Estados Unidos ha prendido fuertemente.
Me refiero al concepto que contiene el slogan expuesto al principio: magia.
Para la vuelta al paganismo, nada mejor que la Navidad sea mágica.
Según este esquema, este es un tiempo feérico, no de redención. Es decir, como lo dice la RAE, perteneciente a las hadas.
Las personas con buenos sentimientos, o bien aquellos que cultivan -cándidamente- la nostalgia de la niñez, piensan que las hadas son buenas, aunque por supuesto, estas oficialmente no existen.
Pero las hadas, como otros muchos seres míticos, representan la cara del mundo que no vemos, cuyo príncipe, el gobernante del planeta tierra es Satanás. Esto sí es parte de lo que es. Aunque no se vea con los ojos profanos.
De allí la conexión directa entre la negación y ocultamiento en la Natividad. Pues Aquel niño nació para juzgarlo y redimir a los hombres de su yugo.
Me atrevo a asegurar que en los próximos años, la gente seguramente brindará por la “magia” de las Navidades, un tiempo donde todo es posible.
Pero también estoy cierto que llegará otro tiempo, el de la cosecha, donde sólo reirán los que no hayan negado el dulce nombre de Jesús.
Para esta Natividad de Nuestro Señor Jesucristo del 2010 deseo terminar este post con la frase de Juan, más verdadera aún ahora por el hecho de ser ocultada sistemáticamente:
Verbum caro factum est,
et habitavit in nobis


El Verbo se hizo carne,
y habitó entre nosotros. Jn 1,14

Este es el tiempo que hizo el Señor. ¡Alegrémonos todos en Él! ¡Aleluya!


sábado, 4 de diciembre de 2010

Siete Peregrinos

Diariamente, durante la semana, tengo por costumbre asistir por la tarde a la iglesia adyacente al Monasterio de Santa Catalina de Siena ( uno de los más antiguos de Buenos Aires, 1745) para recibir allí la eucaristía en una pequeña ceremonia, pues no hay misa vespertina.

Este viernes (ya me habían sorprendido otras veces tan gratamente), además de la santa misa, se administraba el bautismo, primera comunión y el sacramento de la confirmación a siete personas adultas: un varón y seis mujeres.

Siete nuevos peregrinos en la ruta a la Tierra de los Vivientes. ¡Qué alegría sintió mi corazón por ellos!

Sin embargo, no pude menos que pensar en aquellos otros desventurados que pasan por los centros de apostasía, en España (tan luego) y en otros lugares!

Por supuesto que con tanta emoción, y aún con toda la preparación impartida, sus rostros denotaban el mismo sentimiento que debe haber tenido Abraham:

Por la fe, Abraham, al ser llamado por Dios, obedeció y salió para el lugar que había de
recibir en herencia, y salió sin saber a dónde iba. Por la fe, peregrinó por la Tierra Prometida, como en tierra extraña, habitando en tiendas de campaña, lo mismo que Isaac y Jacob…” (Hebreos 11, 8-9).

El sacerdote que oficiaba, hombre de gran  intelectualidad,  siempre gusta de enfatizar  lo primordial del tema de la Fe, y así lo hizo también en esta oportunidad, recordando que Jesús no hacía milagros donde no encontraba Fe.

No es el caso aquí de polemizar sobre una cuestión sobre la cual ya ha quedado todo perfectamente claro desde la Contrarreforma hasta el día de hoy: como lo decía en otro post, la Fe, sí, pero no sin las obras.

Me interesa mucho más destacar la virtud de la Fe vista desde la perspectiva de un punto de partida para cualquier caminante que ha sido llamado. No sabe dónde, a menudo ni siquiera cómo, pero que ha respondido a ese llamado.

Este primer paso, esta respuesta, de por sí, ya entra en la categoría “obras”: habla Señor, que tu siervo escucha : I Samuel 3,10

Por supuesto que para estos nuevos siete peregrinos se abre  ahora un período espiritual de “luna de miel”, por esta unión espiritual que han experimentado.

¿Qué rumbo tomará cada uno, luego de que este estado de embelesamiento se pase?

¿Recordarán acaso y a menudo la Escritura? elegit nos in ipso ante mundi constitutionem ut essemus sancti (Eph I, 4). Nos ha escogido, desde antes de la constitución del mundo, para que seamos santos.

¿Cuántas obras deberán realizar? ¿Cuántas otras quedarán inconclusas o quizás nonatas en el camino?

Al pensar todo esto, se me ha ocurrido que (por supuesto, además de la asistencia de N.S. Jesucristo y su Santa Madre), cada peregrino debería elegir, al menos figuradamente, un consejero de camino.

Alguien que ve la realidad, lo que es, no como en un espejo. Alguien que mora en la Tierra de los Vivientes y pueda interceder por nos.

Yo, que en estas cosas me confieso ambicioso, buscaría la compañía de varios santos y santas de mi devoción particular.

Pero si se me dijera que sólo se me permite uno, escogería sin dudar a San Miguel.

Es por eso que, cerrando ya esta breve nota, rezo al Santo Arcángel por los siete nuevos peregrinos:

Sancte Michael Archangele, defende nos in praelio. Contra nequitiam et insidias diaboli esto praesidium. Imperet illi Deus, supplices deprecamur. Tuque princeps militiae caelestis, Satanam aliosque spiritus malignos, qui ad perditionem animarum pervagantur in mundo divina virtute in infernum detrude. Amen.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sed nuestro amparo contra la maldad y acechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder, a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén