miércoles, 28 de marzo de 2018
domingo, 24 de septiembre de 2017
CORRECTIO FILIALIS DE HAERESIBUS PROPAGATIS
Acerca de la Corrección Filial dirigida a SS Franciscus efectuada por más de sesenta teólogos y expertos respecto de la divulgación de herejías, partiendo de la "Amoris Laetitia".
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CORRECTIO FILIALIS DE HAERESIBUS PROPAGATIS
16 de julio de 2017
Fiesta de la Vírgen del Carmen
Santo Padre,
Con profunda aflicción, pero impulsados
por la fidelidad a Nuestro Señor Jesucristo, por el amor a la Iglesia y al
papado
y por la devoción filial hacia Usted,
nos vemos obligados a dirigir una corrección a Su Santidad,a causa de la
propagación de herejías ocasionada por la Exhortación apostólica Amoris
laetitia y por otras palabras, hechos y omisiones de Su Santidad.
jueves, 20 de abril de 2017
El tiempo fuerte de Pascua de Resurrección
¡No tengan miedo!
Más que nunca tenemos necesidad de entender esta palabra de Cristo
Resucitado: “¡No tengáis miedo!” Es una necesidad para el hombre de
hoy… que no cesa de tener miedo en su fuero interno y no sin razón… Es
igualmente una necesidad para todos los pueblos y todas las naciones del mundo
entero. Es necesario que, en la conciencia de cada ser humano, se fortifique
la certeza de que existe Alguien que tiene en sus manos el futuro del mundo
que pasa, Alguien que guarda las llaves de la muerte y de los abismos (Ap
1,18), Alguien que es el Alfa y la Omega de la historia del hombre (Ap 22,13),
ya sea individual o colectiva; y sobre todo la certeza de que este Alguien es
Amor, el Amor hecho hombre, el Amor crucificado y resucitado, el Amor siempre
presente en medio de los hombres. Él es el Amor eucarístico. Es fuente
inagotable de comunión. Es el único a quien podemos creer sin la más
mínima reserva cuando nos pide: “¡No tengáis miedo!”
San Juan Pablo II (1920-2005), papa
Cruzando El Umbral de la Esperanza, "Para no tener miedo"
Cruzando El Umbral de la Esperanza, "Para no tener miedo"
domingo, 9 de abril de 2017
Los Peregrinos de la Reparación
Reflexión del Domingo de Ramos.
Estamos viviendo esta Cuaresma y Semana Santa con una mochila de peregrinos cargada durante todo un año con las recomendaciones de misericordia a las cuales nos han exhortado todos nuestros pastores.
Las puertas del Año Santo se abrieron y cerraron, y seguimos repitiendo: "misericordiosos como el Padre". Más que mochila de viajero, parece una bolsa de acopio de miserias humanas.
Pero la misericordia no tiene sentido sin la justicia, ni esta sin la misericordia, decía Santo Tomás.
En este entendimiento, hoy contemplamos a Nuestro Señor entrando a Jerusalem como el príncipe de la paz.
Se ha repetido hasta el cansancio la mansedumbre y la humildad del Señor y su posterior obediencia ante insultos, vejámenes, golpes, salivazos, incomprensión y al final, la muerte, y muerte de cruz.
Muchos predicadores han deducido de ello que si bien Jesús es rey, es un rey pacífico, que presenta la otra mejilla, esbozando un paradigma social a mi juicio errado.
Errado, pues se olvidan que Él mismo aclaró que su Reino no es de este mundo, y sus enemigos no eran los hombres, sino Satanás, la serpiente antigua.
Recordemos:
"He visto a satanás caer del cielo como un rayo"
"Cuando el Hijo del Hombre sea levantado hacia lo alto, atraerá a todos hacia Él"
"Yo no he venido a traer la paz, sino la guerra"
Nuestro Rey, el Mesías, es el Pantócrator, el que tomará posesión de Su Reino y precipitará al abismo a la serpiente antigua, padre de todas las mentiras, el homicida desde el principio. Es un Rey Guerrero.
Así su agonía en el Monte de los Olivos y su crucifixión, no se pueden separar de la Pascua, la Resurrección, y el final de los tiempos. Un drama y una lucha cósmica. El Rey de la vida estuvo muerto, y ha resucitado: muerte, dónde está tu aguijón?
Mientras conmemoramos cada año este misterio, debe este dolernos en carne propia, pues es razonable considerar que cada uno de nosotros -como los judíos que cantaban hosanna el domingo de ramos- también lo hemos traicionado en poco tiempo, el viernes santo.
Así, cada peregrino debería llevar en su mochila su propio viernes santo, y también la esperanza del perdón divino y nuestra redención en Su resurrección.
Pero mientras tanto, a la espera de Su segunda venida, hay algo importante que considerar, y que afecta el itinerario y comportamiento de un peregrino ya no sólo en Cuaresma, sino durante todo el año.
Jesús está presente -es el Enmanuel- cada día junto a nosotros hasta el fin de los tiempos.
Como nunca, el mundo o lo ignora, o lo desprecia y lo ataca. Quieren prender fuego los templos donde Él habita en donde lo adoramos en espíritu y verdad. Frente a ellos se realizan parodias donde mujeres caracterizadas en sus atuendos como Nuestra Señora, con sangre de animales, simulan el aborto de Nuestro Señor.
Y así, pareciera que siguen peor las afrentas al Rey, con robos de hostias consagradas, rituales y misas negras. Sin contar las persecuciones a todo lo que significa el signo de la cruz por parte de mahometanos y de otras religiones, en todo el orbe. La mano de satanás y el humo de la abominación son visibles a simple vista.
¿Qué nos queda a nosotros los peregrinos?
No basta con rezar y caminar. No basta con la misericordia.
Ha llegado el tiempo de la Reparación.
Cada dolor en nuestro camino, cada fatiga, cada desazón, cada contratiempo, deben convertirse en un buen inicio de reparación al honor de Dios.
Debemos luchar por el honor de Dios, como lo hizo Santo Tomás Becket.
Hermanos peregrinos, no dejemos desde hoy al Señor solo de soledad absoluta, clamando en el momento de la desolación.
Digamos a coro: acá estamos Señor, porque nos has llamado! Así sea.
Estamos viviendo esta Cuaresma y Semana Santa con una mochila de peregrinos cargada durante todo un año con las recomendaciones de misericordia a las cuales nos han exhortado todos nuestros pastores.
Las puertas del Año Santo se abrieron y cerraron, y seguimos repitiendo: "misericordiosos como el Padre". Más que mochila de viajero, parece una bolsa de acopio de miserias humanas.
Pero la misericordia no tiene sentido sin la justicia, ni esta sin la misericordia, decía Santo Tomás.
En este entendimiento, hoy contemplamos a Nuestro Señor entrando a Jerusalem como el príncipe de la paz.
Se ha repetido hasta el cansancio la mansedumbre y la humildad del Señor y su posterior obediencia ante insultos, vejámenes, golpes, salivazos, incomprensión y al final, la muerte, y muerte de cruz.
Muchos predicadores han deducido de ello que si bien Jesús es rey, es un rey pacífico, que presenta la otra mejilla, esbozando un paradigma social a mi juicio errado.
Errado, pues se olvidan que Él mismo aclaró que su Reino no es de este mundo, y sus enemigos no eran los hombres, sino Satanás, la serpiente antigua.
Recordemos:
"He visto a satanás caer del cielo como un rayo"
"Cuando el Hijo del Hombre sea levantado hacia lo alto, atraerá a todos hacia Él"
"Yo no he venido a traer la paz, sino la guerra"
Nuestro Rey, el Mesías, es el Pantócrator, el que tomará posesión de Su Reino y precipitará al abismo a la serpiente antigua, padre de todas las mentiras, el homicida desde el principio. Es un Rey Guerrero.
Así su agonía en el Monte de los Olivos y su crucifixión, no se pueden separar de la Pascua, la Resurrección, y el final de los tiempos. Un drama y una lucha cósmica. El Rey de la vida estuvo muerto, y ha resucitado: muerte, dónde está tu aguijón?
Mientras conmemoramos cada año este misterio, debe este dolernos en carne propia, pues es razonable considerar que cada uno de nosotros -como los judíos que cantaban hosanna el domingo de ramos- también lo hemos traicionado en poco tiempo, el viernes santo.
Así, cada peregrino debería llevar en su mochila su propio viernes santo, y también la esperanza del perdón divino y nuestra redención en Su resurrección.
Pero mientras tanto, a la espera de Su segunda venida, hay algo importante que considerar, y que afecta el itinerario y comportamiento de un peregrino ya no sólo en Cuaresma, sino durante todo el año.
Jesús está presente -es el Enmanuel- cada día junto a nosotros hasta el fin de los tiempos.
Como nunca, el mundo o lo ignora, o lo desprecia y lo ataca. Quieren prender fuego los templos donde Él habita en donde lo adoramos en espíritu y verdad. Frente a ellos se realizan parodias donde mujeres caracterizadas en sus atuendos como Nuestra Señora, con sangre de animales, simulan el aborto de Nuestro Señor.
Y así, pareciera que siguen peor las afrentas al Rey, con robos de hostias consagradas, rituales y misas negras. Sin contar las persecuciones a todo lo que significa el signo de la cruz por parte de mahometanos y de otras religiones, en todo el orbe. La mano de satanás y el humo de la abominación son visibles a simple vista.
¿Qué nos queda a nosotros los peregrinos?
No basta con rezar y caminar. No basta con la misericordia.
Ha llegado el tiempo de la Reparación.
Cada dolor en nuestro camino, cada fatiga, cada desazón, cada contratiempo, deben convertirse en un buen inicio de reparación al honor de Dios.
Debemos luchar por el honor de Dios, como lo hizo Santo Tomás Becket.
Hermanos peregrinos, no dejemos desde hoy al Señor solo de soledad absoluta, clamando en el momento de la desolación.
Digamos a coro: acá estamos Señor, porque nos has llamado! Así sea.
sábado, 24 de septiembre de 2016
Comunicado de la Comisión Episcopal Argentina con respecto al caso de las Carmelitas
En relación a lo acontecido en el Monasterio de Nogoyá:
En las últimas semanas han circulado
noticias y comentarios respecto de la investigación penal que involucra al
monasterio de monjas carmelitas de la ciudad de Nogoyá (Entre Ríos).
Consideramos oportuno decir una palabra al respecto.
En primer lugar, queremos dejar en
claro que la Iglesia Católica no busca ningún privilegio frente a la legítima
acción del Estado en la investigación y sanción de los delitos que puedan
cometerse en cualquier ámbito. Si efectivamente se hubieran cometidos delitos,
la Iglesia es la primera interesada en que se haga justicia.
Pero en este caso concreto llamó la
atención el modo de proceder de las autoridades intervinientes. No había ni hay
ningún motivo para presumir que un monasterio conocido y de extendida presencia
necesitara ser allanado de ese modo. Esa forma de actuar, que sería igualmente
poco adecuada en una casa de familia, ofende especialmente a la consideración
que merece una casa de oración legítimamente constituida, y al sentimiento religioso
de la comunidad católica.
La forma de vida de las monjas
contemplativas, que se dedican a la oración y el trabajo silencioso, puede ser
difícil de comprender en nuestro tiempo. Queremos reafirmar la especial estima,
valoración y agradecimiento que los obispos y el Pueblo de Dios tenemos hacia
la vida religiosa contemplativa. Se trata de un testimonio luminoso que nos
ayuda a descubrir la presencia de Dios. Los monasterios son lugares de oración
y de paz, que hacen mucho bien a la Iglesia y a la misma sociedad.
Esperamos que la Justicia se expida
con prontitud, que lo haga en base a elementos objetivos y respetando en toda
su amplitud la legislación vigente y la libertad religiosa de las personas y de
la Iglesia misma. Acompañamos al obispo del lugar y exhortamos a los fieles a
unirse en oración por todos quienes ejercen un grado de autoridad en este caso,
para que lo hagan con los necesarios recaudos jurídicos que requiere un hecho
que presenta instancias canónicas que deben ser tenidas en cuenta.+
(Al respecto, léase también el post anterior que reproduce la editorial del periódico "La Nación")
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